60º Festival de Berlín: Actrices de lujo para una pareja lésbica
CARLOS BOYERO – Berlín – 17/02/2010
Hay que atribuir a Lisa Cholodenko, autora de la divertida y argumentalmente insólita The kids are alright varios méritos. Uno es su guión. Imaginar una comedia de siempre mediante un matrimonio aparentemente estable y de clase instalada, que comienza a sufrir traumas debido a la crisis que le crea la adolescencia de sus hijos, es algo que nos han contado más veces. Lo atípico es que esa pareja está formada por dos mujeres. Sus vástagos se obsesionan por conocer la identidad del hombre que donó su esperma para que ellos fueran concebidos. Otra virtud de la directora es haber logrado interesar con un guión tan marginal a dos espléndidas actrices llamadas Annette Bening y Julianne Moore. Ellas consiguen otorgar veracidad, gracia y sentimiento en el retrato de familia tan singular.
Hay giros muy ingeniosos en la historia de esa relación felizmente lesbiana que reproduce los modelos tradicionales del matrimonio heterosexual. Puede ocurrir que el antiguo donante de esperma sea seductor y cálido, motero y molón, que le vaya bien su vida profesional vendiendo alimentos orgánicos y cultivando flores, aunque también exista en sus deseos íntimos la necesidad de formar una familia. Puede ocurrir que los chavales se queden colgados con el encanto de su padre biológico y que la madre encuentre muy sensual a ese señor. Y ocurren continuamente cosas hilarantes que amenazan a la ortodoxia familiar. Lisa Cholodenko aporta malicia, ironía y capacidad de transgresión. Se lo pone crudo a las mentalidades conservadoras para que consideren anormal y condenable el ejemplar modelo de convivencia familiar que han logrado esas lesbianas. Comprendes la conducta de todos los personajes y te ríes bastantes veces con situaciones tragicómicas resueltas con inteligencia. Y, cómo no, admiras el talento, la personalidad y la química que atesoran dos actrices extraordinarias. La condición cercana al estrellato y el transparente atractivo físico de Annette Bening y de Julianne Moore no les impide exhibir sus arrugas con agradecible naturalidad, envejecer con estilo, no recurrir al exceso de maquillaje ni a los abusos de la cirugía estética. Todo resulta simpático y creíble en esta notable comedia.






