El último desafío de la ‘duquesa roja’
La boda en el lecho de muerte de la duquesa de Medina-Sidonia con su secretaria amenaza con provocar una disputa legal entre sus tres hijos y su viuda y heredera
LOLA GALÁN 16/03/2008. Publicado en El País.
El palacio de Medina-Sidonia, con su fachada de mortero de cal y sus rejas antiguas, parece, a plena luz del sol, opresivo como una cárcel. No hay un alma en la plaza de los Condes de Niebla, en el barrio alto y antiguo de Sanlúcar de Barrameda, pero la forastera tiene la inquietante sensación de que alguien la espía desde el interior del edificio. La casona, sede de
Por más que la fundación reciba ayudas públicas, entre las cuatro paredes del palacio, forradas de tapices, cuadros y muebles antiguos, imperan una ley propia y un rigor agravado por la pérdida repentina del alma máter de este convento laico: Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, 21ª duquesa de Medina-Sidonia, princesa de Montalbán, marquesa de Villafranca del Bierzo, marquesa de Los Vélez, tres veces grande de España, muerta de neumonía (extraoficialmente, de cáncer de pulmón) a los 71 años, la tarde del viernes 7 de marzo.
Desde ese día, la nueva señora de la casa y flamante presidenta de la fundación es Liliana Dahlmann, una mujer en la cincuentena de la que casi nadie sabe nada, excepto que llegó a Sanlúcar de Barrameda, en diciembre de 1983, como invitada a la boda de Leoncio González de Gregorio, hijo mayor de la duquesa, y que se quedó en el palacio para siempre. “Era una mujer guapa, amiga de la novia”, recuerdan los cofrades de
Liliana, de ascendencia alemana, con su dulce acento latinoamericano, conquistó a la duquesa roja, que la nombró secretaria vitalicia de su fundación y cambió los estatutos, en abril de 2005, para dejarla como presidenta vitalicia a su muerte. Nada menos que su heredera. En manos de la nueva presidenta queda un fabuloso archivo de más de seis millones de documentos. Historia viva de la casa ducal más importante de España, por ser el primer ducado hereditario, que se concedió en 1445. Legajos de tanto valor, que la fundación ha contado siempre con el mecenazgo de universidades españolas que han ayudado a protegerlos. Aunque el impulso esencial ha partido de la duquesa, que ha encontrado en Dahlmann una especie de alter ego.
Luisa Isabel Álvarez de Toledo, famosa por haberse puesto el mundo por montera en vida, decidió dar un último toque maestro a su biografía, y contrajo matrimonio con su secretaria un día antes de morir. La titular del Juzgado número 3 de Sanlúcar, Rocío Martín, las casó en el palacio, que pasa a ser domicilio conyugal de la viuda.
José Rodríguez, ministro evangélico y vecino de la duquesa durante los últimos 20 años, fue testigo ese jueves del revuelo de coches oficiales en el patio delantero del palacio. “Lo que no sabía es que la duquesa se estaba muriendo. Ni tampoco que se había casado”. La noticia trascendió un par de días después, cuando ya la duquesa había sido incinerada tras un solemne funeral, y sus cenizas, cuentan, esparcidas por los jardines de su residencia.
Esa boda in artículo mortis es estos días la comidilla del pueblo, aunque no haya sido una sorpresa. “No me extraña nada. Conociendo a mi madre, lo raro es que haya sido un matrimonio secreto, porque ella actuaba muy a las claras”, dice Pilar González de Gregorio, duquesa de Fernandina, segunda de los tres vástagos de la duquesa. De Gregorio, de 51 años, divorciada dos veces, madre de dos hijos, no quiere hablar de las difíciles relaciones con su madre. “Su muerte ha sido tan repentina que estoy muy impactada”, dice. “Acababa de morirse mi padre. Y ahora ella, que hacía ejercicio, que nadaba, que estaba tan sana que pensábamos que nos iba a enterrar a todos”.
En Sanlúcar, la gente habla del destino trágico “de estos tres chicos”, porque también el padre, José Leoncio González de Gregorio y Martí, muerto unos días antes que su ex esposa, “se casó in artículo mortis con la señora que le atendía”, cuenta un cofrade de
…Un carácter “tremendo” y “anárquico” que la llevó a abrazar con pasión las causas en las que creía. En su juventud fue una destacada antifranquista. Fue a la cárcel por apoyar las reivindicaciones campesinas. Esta experiencia le sirvió para denunciar, en una serie de artículos, el sistema carcelario. De aquellos años combativos le quedó el sobrenombre de duquesa roja. Un puro nervio. Una mujer que clamó con toda la potencia de su notoriedad pública en casos que consideraba clamorosos. Reconstruyó el episodio de las bombas caídas en Palomares, en 1966, en una obra, Palomares. Memoria, escrita dos años después, y que tuvo problemas de censura.
La duquesa dedicó también sus energías a denunciar los abusos padecidos por los jornaleros andaluces. Su novela La huelga (parte de una trilogía) le valió ser procesada por el extinto Tribunal de Orden Público franquista. La causa terminó en el Supremo cuando la imputada vivía ya refugiada en Hasparren (Francia). En Sanlúcar recuerdan todo esto, y también su regreso, a la muerte del dictador, y su renovado interés por recuperar el disperso legado familiar. …
Lo que le importaba para entonces era casi exclusivamente la historia. Escarbando en cédulas, cartas y legajos antiguos descubrió cosas tremendas. Según ella, sus archivos desmontaban poco menos que toda la historia oficial de España. Dedicó un libro a defender la tesis de que América estaba más que descubierta cuando llegó Cristóbal Colón, y cultivó una especie de filoarabismo que la llevó a defender públicamente la pertenencia a Marruecos de Ceuta y Melilla, para satisfacción de Mohamed VI, que la recibió con todos los honores en 2000….
Porque, aunque la duquesa, como dice un vecino de Sanlúcar, “haya tenido el mérito de haber vivido como le ha dado la gana”, su independencia ha causado siempre daños colaterales. Si sus hijos, disconformes con su última voluntad, la recurren, la casa de Medina-Sidonia podría verse envuelta en un serio litigio por la herencia.







March 23rd, 2010 at 11:30 pm
Estaba en lo cierto, ¿para que sirven los maridos, sinó para pagar y tener hijos……y ahora ya no hacen falta ni para eso.
Bravo Luisa.